Mañana calurosa en el Estadio Vicente Calderón. La hinchada, que anhelaba ver a su equipo en ese mediodía dominical, con un campo lleno de niños y familias, no esperaba que en un día otoñal el Sol alumbrara tanto a orillas del Manzanares. El cielo azul, decorado por los miembros del Ejército del Aire, supondría una premonición para lo que ocurriría en el tapete del Calderón. Las banderas de Atlético y Espanyol ondeaban en lo alto del cielo, en ese tercer anfiteatro donde Juan Carlos Arteche descansa orgulloso en paz, volando tan alto como 75 años antes lo hacía en España el Atlético Aviación. Para él también el recuerdo de todos los aficionados colchoneros, de los de siempre. Los que veían a 'Artechembauer' morir por la camiseta.
Algo muy parecido es la filosofía del Atleti de Simeone. Esfuerzo, sacrificio, trabajo incansable y humildad en busca de la victoria. Lo reclamaba el 'Cholo' a los suyos en la semana previa al encuentro. No se podía fallar, y no fallaron. Salieron desde el minuto 1 a acorralar al Espanyol, y nada más comenzar el partido Arda y Mandžukić tuvieron en boca de gol el 1-0 que solo Kiko Casilla pudo evitar. Muchos dicen que este Atlético solo es superior por los aires. Nada más lejos de la realidad, los hombres de Simeone son sus majestades aéreas. Pero en el césped del Calderón mostraron que su fortaleza es infranqueable. El Espanyol solo encontró en las botas de Lucas Vázquez un disparo a bocajarro que Moyá sacó con garantías. La lesión de Sergio García fue lo único reseñable de los pericos en ataque, lo cual dice mucho de la pobre producción del conjunto de Sergio González a lo largo del encuentro.
El Atlético se topaba una y otra vez con Casilla. Cada jugada a balón parado suponía una pesadilla para el conjunto visitante, por lo que no parecía muy complicado intuir por dónte abrirían la lata los rojiblancos. Aunque no fue hasta el final de la primera parte, cuando un centro sublime del tres veces centenario en Liga Gabi encontró la cabeza de Tiago. El portugués está reafirmando con trabajo, criterio de juego y goles que su retorno fue la mejor noticia estival de los rojiblancos. Ya nadie recuerda su espantada a Stamford Bridge. Tiago es buque insignia de este Atlético, y Simeone lo sabe. Su gol hacía justicia a la insistencia colchonera.
Sin embargo, la superioridad atlética no se veía reflejada en el marcador. A pesar de que unos excepcionales Godín y Giménez apenas eran inquietados por el mermado ataque del Espanyol, el 1-0 generaba inquietud entre la parroquia del Manzanares. No se podía escapar la victoria, se necesitaba otro tanto. Y se encontró en las botas de un protagonista inesperado. Mario Suárez, quien salió para sustituir al mermado Tiago, firmó una media hora para enmarcar. Jugó con criterio, recuperó todos los balones que pasaban por su zona y redondeó la mañana rebañando un balón aéreo del que Giménez se encargó de cazar. Pura raza uruguaya, que recompensó a Mario y que acalló los rumores de su posible salida en enero a Italia y a Inglaterra. Y de paso homenajeaba al bueno de Arteche, quien veía desde arriba como su '4' relucía desde el cielo. El resto fue historia. Griezmann buscó con empeño su primer tanto en Liga. Demostró que calidad no le falta, los balones ya entrarán. El esfuerzo, bien sabe 'Grizi' como 'Mandzu' que no se negocia. Las victorias en el Calderón, tampoco. Son altos vuelos para el campeón.


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