23 noviembre 2014

Testarazo a las dudas

Redactado por David Gómez (@DavidGmez99)

Dicen que la mejor manera de medir a un deportista no es por el número de éxitos cosechados, sino por las veces que es capaz de reponerse ante las adversidades. Este Atlético, que como bien afirmó Simeone en vísperas al partido, no sabe medirse por las individualidades, conoce perfectamente el término de levantarse tras una dolorosa caída. Y es que desde que el técnico argentino llegó a la disciplina del Manzanares, los rojiblancos solo han perdido dos partidos consecutivos del campeonato doméstico. Fue en la temporada 2011-2012, cuando los colchoneros cayeron por 2-0 en el Ciutat de Valencia frente al Levante para, posteriormente, perder por 1-4 en el Vicente Calderón frente al Real Madrid. Quizás, una de las razones por las que los guerreros del 'Cholo' reaccionan tan bien ante los golpes se debe a que el Calderón lleva 26 partidos sin ser conquistado por ningún rival en Liga. O lo que es lo mismo, desde mayo de 2013. Una estadística de otra época.

El Málaga, la revelación de esta Liga y que venía de ganar cinco partidos consecutivos, fue la enésima víctima de los atléticos. Hicieron dudar a la parroquia rojiblanca, pero poco más se vio de los malacitanos en la capital de España. Nada que ver con el equipo que aspira a luchar por Europa esta temporada. Porque resulta muy complicado plantar cara al campeón en su feudo. Ni que decir de salir vencedor. Y los blanquiazules, que salieron con su característica intención de tocar el balón desde atrás, hicieron de su posesión un dominio estéril frente a la dosis de realidad que le asestó el Atlético. No pasó ni un cuarto de hora cuando el Atleti hizo gala de su fortaleza aérea en la cabeza de Tiago, cuyo idilio frente al Málaga es tan curioso como efectivo. Koke, con su guante de seda, se encargó de los preliminares. El portugués hizo el resto. 

Nada nuevo bajo el Sol. Sin hacer ruido, el Atlético ya dominaba en el marcador. Con pausa, con paciencia, picando poco a poco. Los obreros atléticos esperaban aguardados atrás para volver a asestar un golpe letal a los malacitanos, inoperantes en ataque, sin el desequilibrio del que goza Nordin Amrabat. El Málaga echó en falta la magia turca, no así el Atlético. Arda Turan fue el dueño y señor del partido. Porque ver al '10' rojiblanco supone una delicia para el espectador, una oda para los 55.000 corazones que laten en la ribera del Manzanares. Una vez, y otra, y otra. Turan no paraba de acosar a Antunes, hasta que la amenaza volvió a ser letal. Mario Mandžukić, con una contractura cervical, se sacó de la manga un pase magistral de espaldas para Arda. Su pase hacia Griezmann avisaba de las intenciones. El Atlético ponía el 2-0 con una jugada sensacional y parecía dejar el encuentro visto para sentencia.

Pero con el Atlético, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Cuando más controlado parecía tener el partido los de Simeone, una buena combinación del Málaga terminó con un centro al segundo palo de Samu Castillejo que conectó de manera magistral Roque Santa Cruz. Golazo que producía la intranquilidad en la parroquia colchonera, pero que no terminó en quedarse en una mera anécdota. Porque los escasos chispazos que creó el Málaga se encargó de solventarlos Godín, uno tras otro. El Atlético siguió dominando, con un notable Raúl Jiménez  y un eléctrico Griezmann, pero siempre con la magia de Arda de fondo. Aunque fue el faraón uruguayo el que terminó por sentenciar la victoria rojiblanca con un contundente cabezazo tras un sublime centro de Tiago. Para enmarcar el partido del uruguayo también. A día de hoy, uno de los mejores centrales del mundo, sino el mejor. Es justo reconocerlo, tanto como la victoria del Atlético ayer. Cayó, y se volvió a levantar. El campeón le da un testarazo a las dudas.



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