El
Sevilla no sobrevivió este domingo al hechizo al que está sometido cada vez que
visita el Coliseum Alfonoso Pérez. El conjunto andaluz llegaba mermado a, según
Unai Emery, el partido más importante del año. Tras el esfuerzo realizado el
miércoles en el Bernabeu, partido en el que cayeron 2-1, los de Nervión eran
conscientes de la exigencia de esta prueba de fuego, por razones obvias, el
hecho de ganar en un campo que no se les daba nada bien y por el aliciente de
mantenerse en la cuarta plaza, posición Champions, que tan férreamente está defendiendo
ante la cada vez mayor insistencia de los conjuntos que llegaban por detrás,
como Villarreal y Valencia. Enfrente estaba el Getafe, equipo que sobrevive a
remolque al corte necesario para mantenerse en primera división, y que llegaba
al choque tras haber perdido tres puntos esenciales la jornada anterior ante el
Almería, rival directo por eludir la zona candente de la clasificación. Se
preveía un partido disputado entre un Sevilla favorito y un Getafe trataría de
dar la campanada en el Coliseum, que por
cierto presentó un aspecto muy favorable respecto a fechas anteriores.
Durante
el inicio del partido, quedó claro quién iba a ser el conjunto que llevaría la
iniciativa. Alardeando de su condición de local, el Geta respondió a las expectativas
de la afición y llevó peligro a la portería de Sergio Rico. Apenas 12 minutos
transcurridos de partido, a Emery se le desmontó el planteamiento de partido
con la lesión de M`Bia, hombre clave en el juego de este Sevilla que tan buenas
sensaciones ha dejado esta temporada. En pleno intercambio de golpes, uno de
los dos equipos se adjudicó el primer asalto, ese equipo fue el Getafe, que
gracias a un inocente penalti cometido por Diogo al pillo Álvaro Vázquez, subió
al marcador el tanto azulón el en 27 de duelo. A partir de esto se equilibró el
partido, el Sevilla parecía resurgir, pero los hombres de Unai no lograban
superar la densa y numerosa defensa del Getafe, que daba la sensación de
sobrellevar con una notable suficiencia las acciones andaluzas. Cuando mejor
estaban los visitantes, llegó el descanso con el 1-0, que auguraba una
trepidante segunda parte.
Intensa
comenzó la segunda mitad, con un mano a mano de Álvaro Vázquez que se fue por
poco y que llevó la fiesta a la grada. A pesar del dominio del Getafe, poco
necesitaba un equipo de la calidad del Sevilla para venirse arriba y buscar el
gol. Eso fue exactamente lo que sucedió. Justo después de que Jona, titular en
el día de hoy, sacara sorprendentemente una volea de Banega, llegó el gol
visitante, obra de krychowiak, que aprovechó un despeje a la desesperada de un
defensor local para hacer el empate. Se despertó del sueño el Coliseum, que volvía
a ver muy desde cerca los puestos de descenso. El partido entró entonces en un
tramo de relajación y de pacto no-agresión entre ambos equipos, con el 1-1 en
el marcador, que para nada sería definitivo. Los locales no habían dicho la
última palabra, el en 85, un resurgido Pedro León, metió la punta de la bota
para llevar la locura a las localidades del Coliseum Álfonso Pérez, que tocaba
el cielo en esos instantes de partido. No llevó más peligro el mortecino cuadro
de Emery, que se había desgañitado en la banda intentando aupar a los suyos,
aunque fue imposible. Concluyó el partido con el 2-1 en el marcador y con un auténtico
festín por parte de la afición local, que por fin disfrutó de un partido
abierto y entretenido. Está claro que así la victoria sabe mejor.
Analizando
el encuentro, pinchazo inesperado de un Sevilla que pierde la cuarta plaza en
favor del Valencia, próximo rival de un conjunto azulón que coge aire y que
sigue con un lee colchón respecto a los puestos de descenso. Buena tarde de
fútbol en el Coliseum, ya era hora de vivir algo así en un estadio cada vez más
acostumbrado a un fútbol gris y defensivo. Por la otra parte, el tren del
Sevilla con destino a Champions, descarrila en Getafe, como colofón a la mala
racha que atraviesa el cuadro del Sánchez Pizjuán. Redactado por @chiky_DMG
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