Por Alberto García (@Albertitogmlc)
Volvía el ritmo a la selección, volvía la magia, volvía la precisión, volvía el alma y el espíritu y; con ellos volvía la auténtica 'roja'. España recobraba la clase, el gusto y el estilo con los que el país se deleitó en el reconocido triplete histórico.
Hizo falta poco tiempo para que la portería eslovaca encajara el primero, obra de Jordi Alba, asistido por un magnífico centro de Silva. El canario elevó el cuero sobre la defensa y nada pudo hacer el arquero ante el cabeceo de Alba, que remató a placer para poner el primero con tan solo cinco minutos de juego.
La roja se reivindicó y recobró el tono de dominio, el oficio de campeón, el del líder, posición de los nuestros en el grupo C. Se respiraba el espíritu y, el campeón de Europa se hizo sonoro. Tocó, jugó, repartió y no se quemó al pecar de posesión.
Y en el 30' Iniesta cerraba el marcador, de penalti y con sutileza.
Diego costa arrancaba en carrera y el acelerador cedió ante la figura de Kozacik, que chocó con el hispano-brasileño, propiciando la caída del delantero. El albaceteño no perdonó y clavó el balón en la esquina de la red, sangre fría y mente puntera que subieron el 2-0 al tablero. Y con la marca cerrada sonaría la bocina.
Los de Kozak salieron de vestuarios con energías renovadas, buscando acometer contra la meta española, sin obtener resultado a la tentativa. España no tardó en imponer de nuevo su color sobre el Tartiere y, el juego sembrado en el primer acto resurgió en el segundo para hacer absoluto el mandato del vigente campeón. La roja dominó y actúo como apeteció, renació el tiki-taka y murió el encuentro con el resultado a su favor y la cabeza alta.
Y los de Del Bosque duermen sabiendo que encabezan la tabla y esperando la cita del martes ante Macedonia. El objetivo es la Eurocopa y parece que toma forma con paso seguro.


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