Redactado por David Gómez (@DavidGmez99)
Dicen los sabios proverbios que los grandes siempre vuelven. Con su esencia, resurgiendo de sus cenizas como el mito del ave Fénix, quien renace en todo su esplendor. Los españoles, victimistas por naturaleza y catastróficos en el fracaso, hicimos gala de nuestras cualidades tras el desastre de nuestra selección en la pasada Copa del Mundo celebrada en Brasil. El equipo que había maravillado al mundo desde 2008 se marchaba a casa por la puerta de atrás, y los aficionados de 'La Roja' pedían una revolución tan radical como la vuelta a esa 'Furia española' tan característica de España y tan perdedora. Del Bosque, quien se fue de aquel Mundial sin crédito alguno, fue ratificado por una RFEF que confiaba en el heredero de la obra maestra creada por Luis Aragonés en la Tierra. Ahora, el Sabio descansará en paz, pero con la inquietud de ver si su sucesor es capaz de hacer en otra 'revolución' un equipo ganador y continuista.
Es evidente que Vicente Del Bosque lo tendrá más fácil que Luis. Porque hay grandes que nunca se fueron, por mucho que intentaran enterrarlos. Lo demostró Iker Casillas, que sumergido en un mar de dudas por su estado anímico y su rendimiento dentro del campo, firmó un partido más que notable para ratificar que el capitán de la mejor selección de todos los tiempos (con permiso de la Brasil de Pelé) todavía tiene pulso en sus manos para escribir su legendaria epopeya con España con letras doradas. En su partido 157 con 'La Roja', Iker firmó intervenciones de mérito para salvar las escasas llegadas de la débil Macedonia a la portería española. Veremos si Ancelotti puede confirmar el regreso definitivo del capitán. Qué mejor prueba que el derbi para ello. Grandes, como Sergio Ramos, héroe español y madridista, el ejemplo del coraje y la furia española mezclado con su sutil toque de clase simplificado en su 'Panenka' de ayer. Lo hizo con Portugal, lo repitió con los macedonios. Corría el minuto 15 de encuentro, cuando el central de Camas pidió el lanzamiento de penalti a Cesc Fábregas. El jugador del Chelsea, sublime durante todo el partido, aceptó la petición. Ramos no falló a su cita.
Y es que Fábregas hizo gala de un estado de forma envidiable, despejando todas las dudas que dejó tras el Mundial de Brasil. Suyo fue su pase teledirigido a Juanfran en el segundo tanto español. El lateral del Atlético de Madrid, que de subir como un rayo y pelear cada balón como si fuera el último sabe un rato, dejó en bandeja el cuero a Paco Alcácer, para que el '9' del Valencia rematara a placer su primer gol con 'La Roja', señalando al cielo en busca de su malogrado padre. El mayor de los Alcácer seguro que esbozará una enorme sonrisa al ver a su hijo honrando la camiseta de su país. Sin embargo, las virtudes de Juanfran arriba se convirtieron en un grave error atrás, cometiendo un penalti un tanto infantil sobre Trajkovski. Sería el centrocampista del Maribor Agim Ibrahimi quien pondría el 2-1 en el electrónico. Aunque las esperanzas balcánicas se diluirían de manera definitiva al borde del descanso, cuando Sergio Busquets recogió un balón desde la frontal del área y su zapatazo se coló en la portería de Pacovski. Golazo en el estreno de 'Busi' con España tras 70 partidos. Otro de los grandes.
Con el partido prácticamente visto para sentencia, la segunda parte sirvió para enmarcar una obra de arte creada por el artista canario David Silva. El jugador del Manchester City ejerce galones de líder, de futbolista imprescindible cuyas asociaciones dan sentido a un juego vistoso y esbelto. Encontró a Jordi Alba, y provocó el penalti del primer gol. Se asoció con Koke y Cesc, y encontró el gol de Alcácer. Volvió a encontrar al lateral izquierdo del Barcelona, y su disparo cruzado al palo izquierdo de Pacovski fue para dentro. Hay grandes que nunca deberían irse. Ante la falta del mago por antonomasia llamado don Andrés Iniesta Luján, buenas son las obras de arte de Silva, quien culminaría en el descuento un rápido contraataque de 'La Roja', dando el pase de gol al siempre incombustible Pedro, que picó por encima del arquero macedonio con la sutileza que utilizó Silva para enmarcar el retorno de España. Solo un poco antes había ocurrido algo más reseñable que la exhibición del segundo mago de Arguineguín. Y es que Munir El Haddadi, aquella promesa que había llevado Luis Enrique a la pretemporada del Barça, se convertía en una realidad al sustituir a Koke en el minuto 77, completando así la cumbre de su meteórica ascensión en el panorama nacional. Solo queda ver si los delirios de grandeza de Munir se consolidan en grandes dosis de realidad. Lo único certero ayer fue que España vuelve a sentirse grande en Valencia.


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